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Dice Punset que el ser humano "necesita pertenecer a algo, a un colectivo social, a una manada, les da igual; lo importante es pertenecer". Hoy más que nunca, esto se ve con la proliferación de redes sociales por doquier. Son parecidas a aquellos clubs de hobbies de hace años, en los que, por lo menos, se socializaba de verdad con todos sus miembros. Hoy día, el ser humano se empeña en participar en multitud de redes, en llevarlo todo para adelante para paliar esa soledad que, con cada nueva red se hace más grande. Tenemos cuenta en Facebook, en Twitter, en Xing, en Linkedin, en Blogger, en Orkut, en Badoo, en Ligarconlosmasguapos, en Lareddelosperros, etcétera. Pero estamos solos. Es curiosa esta paradoja de que, cuanto más abarcamos, menos tenemos entre las manos. Y que, por mucho que queramos estar solos, la sociedad nos obliga a tener una cuenta en tal o cual red para, simplemente, estar "ahí", mostrando la imagen que queremos mostrar a los demás, jugando con la fantasía de que podemos modelarnos a nuestro antojo, hasta llegar a convertirnos en aquella persona que hemos querido ser durante toda la vida. Porque en este caso, sólo nosotros sabemos la verdad.
Está muy revuelto el ambiente. Con nubes tormentosas a lo largo del horizonte. Nubes que no sabemos si se irán o descargarán su ira desluciendo el espectáculo. Porque no es más que eso, espectáculo enredado en una industria que no se adapta a los nuevos tiempos. Mientras que unos intentan, valientemente, salir del sistema, otros se afanan en apagar las voces disidentes e imponer la ley del "siempre ha sido así". Si siempre hubiese regido esta norma, no estaríamos donde estamos. Los tiempos cambian. La tecnología avanza y el consumo también. Las formas de ver cine ahora no son las mismas que hace cien años, afortunadamente. Igual que tampoco es lo mismo la forma de consumir televisión, música... La vorágine del sistema nos atrapa y nos hace vivir frenéticamente. Ya no tenemos tiempo (o al menos yo no lo tengo, que me expliquen como se consigue) de irme a un parque a leer todos los días, como hacía antes. Ya no tengo tiempo de informarme tranquilamente con el telediario de las tres de la tarde, y a veces, ni con el de las nueve de la noche. Tengo que recurrir a otros métodos que me permitan mantenerme al día en el momento en el que pueda detenerme dos segundos en mi rutina. Ya no puedo aguantar el ritmo impuesto por la televisión, en la que los 40 minutos de una serie se alargan hasta las dos horas por culpa de la publicidad.
Y ahí está el fallo, según mi humilde punto de vista. En que no cambiamos. No queremos adaptarnos. Y nos empeñamos en echarle la culpa a los demás. Internet tiene la culpa de la decadencia del cine español dicen algunos. Otros van más allá, como Óscar Jaenada, que ataca al doblaje. Vino a decir en una entrevista, que si no se doblasen películas, la gente tendría que ir, porcojones narices a ver cine español. Porque iba a ser el único que entendía. O sea, que encima de todo, somos unos analfabetos. Que entre ver Piratas del Caribe o ver Mentiras y Gordas, por la simple barrera del idioma yo voy a escoger la española, ¿no? ¿Y por qué no hace usted películas de calidad, como defendió Álex de la Iglesia? ¿Por qué no, si la gente pide acción y piratas y explosiones... no le damos eso?
Hablando de Álex de la Iglesia, preveo que nos vamos a encontrar una gala de los
Goya similar a aquella de 2004. Sólo que en lugar de pegatinas con el 'No a la guerra' habrá muchas narices rojas. Ojalá las haya. Siguen haciendo falta payasos que nos alegren el día y nos abran los ojos.
Y ahí está el fallo, según mi humilde punto de vista. En que no cambiamos. No queremos adaptarnos. Y nos empeñamos en echarle la culpa a los demás. Internet tiene la culpa de la decadencia del cine español dicen algunos. Otros van más allá, como Óscar Jaenada, que ataca al doblaje. Vino a decir en una entrevista, que si no se doblasen películas, la gente tendría que ir, por
Hablando de Álex de la Iglesia, preveo que nos vamos a encontrar una gala de los
Goya similar a aquella de 2004. Sólo que en lugar de pegatinas con el 'No a la guerra' habrá muchas narices rojas. Ojalá las haya. Siguen haciendo falta payasos que nos alegren el día y nos abran los ojos.Desde siempre me han interesado mucho las nuevas tecnologías, y quienes me conocen saben que me gusta un ordenador más que a un tonto un lápiz. Que más de una vez me llevé un susto con mi primer ordenador porque trasteaba más de la cuenta, y que mi portátil (Q.E.P.D.) ha vivido siete años intensos de pruebas, de cambios, actualizaciones y que ahora podrá decir "Que me quiten lo instalao'..."
Y ahora, gracias a mi trabajo, he pasado de periodista plumilla a eso tan
moderno y que tanto se nombra, como es la noble y distinguida profesión de 'Community Manager' o, lo que viene siendo en cristiano, 'Dinamizadora de redes sociales'.
La cuestión, que ya me iba por las ramas, es que ayer estuve en un encontro digital que tuvieron tres de los alcaldables de Sevilla (se quedaron atrás UPyD y PA), organizado por la web Política y Redes. Una cita que prometía mucho, pero que dejó mucho que desear. Y no por la organización, ni por el moderador, un artista este Luis Rull. Sino por los propios políticos. Porque si vas a un debate en el que se va a hablar de Redes Sociales y Nuevas Tecnologías, qué menos que preparártelo un poco... Pero nada, allí quien más o quien menos patinó. Y ni la IPAD de Espadas ni la Blackberry de Zoido fueron suficientes para dar sensación de confianza entre los internautas. Y del pobre Torrijos ni hablamos, el Spotify lo desmontó completamente.
Mientras tanto, los CM de cada uno (bueno, de PSOE y PP) alabando las palabras de sus candidatos vía Twitter...
Que no señores políticos. Que a mí no me convencieron. Que los ví más enredados que en la red.
Y ahora, gracias a mi trabajo, he pasado de periodista plumilla a eso tan
La cuestión, que ya me iba por las ramas, es que ayer estuve en un encontro digital que tuvieron tres de los alcaldables de Sevilla (se quedaron atrás UPyD y PA), organizado por la web Política y Redes. Una cita que prometía mucho, pero que dejó mucho que desear. Y no por la organización, ni por el moderador, un artista este Luis Rull. Sino por los propios políticos. Porque si vas a un debate en el que se va a hablar de Redes Sociales y Nuevas Tecnologías, qué menos que preparártelo un poco... Pero nada, allí quien más o quien menos patinó. Y ni la IPAD de Espadas ni la Blackberry de Zoido fueron suficientes para dar sensación de confianza entre los internautas. Y del pobre Torrijos ni hablamos, el Spotify lo desmontó completamente.
Mientras tanto, los CM de cada uno (bueno, de PSOE y PP) alabando las palabras de sus candidatos vía Twitter...
Que no señores políticos. Que a mí no me convencieron. Que los ví más enredados que en la red.
